Pues ya está, hasta aquí el listado de entradas relacionadas con el blog de Daniel Díaz en 20minutos.es. Espero que os hayan gustado los textos y os animo a que sigáis cada semana las entradas de este bloguero-periodista-taxista-expertoenelmundoquelerodea. Os dejo el enlace con las líneas del texto numeradas. También aprovecho para desearos unas felices vacaciones a los que tienen que hacer este trabajo durante las entrañables semanas navideñas.
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Se puede asumir que uno es gilipollas, pero de ahí a tatuárselo... |
Lo
siento, pero no tengo problemas. Y los únicos problemas que he
tenido a lo largo de mi vida, que han sido muchos aunque todos
reversibles, me los he buscado yo. Vale que nunca he caído enfermo
(se dice que los Autónomos y los chinos somos inmunes a todo excepto
a la muerte). Vale que las mujeres me han tratado mejor de lo que
merezco. Vale que ahora tengo una esposa perfecta, una hija preciosa,
y que nunca me ha faltado curro y dinero para ir tirando. Sin
pretensiones, eso sí (los millonarios o los que ansían serlo, a
parte de insatisfechos crónicos, me parecen, en general, una panda
de cretinos). Por eso reconozco que no soy objetivo cuando escucho a
usuarios de mi taxi soltarme sus dramas. Algunos, bien es cierto,
parece que han tenido muy mala suerte en la vida (enfermedades o
accidentes imprevistos, desempleo, parejas que les salieron rana), y
en esos casos no me meto: sólo escucho y ofrezco mi hombro. Pero
otros, en fin, parece que han nacido al calor del fango y les “pone”,
en cierto modo, meterse en líos. Quiero decir que si te gastas tu
subsidio de desempleo en el bingo, es normal que tengas problemas. O
si tienes la mano floja y a la mínima te lías a hostias, es normal
que acabes acumulando juicios y sentencias en tu contra. O si no eres
capaz de controlarte cuando bebes, es normal que la acabes liando. O
si tiendes a la depresión o a la ansiedad y no te tratas (hay
pastillas mágicas, os lo aseguro) es normal que se agrave tu
problema y por ende, acabes arrastrando a todo tu entorno.
Acción-reacción, se llama. Efecto dominó, se llama.
Lo
curioso es que nadie parece reconocer su parte de culpa. Raro es el
caso de algún usuario de mi taxi que me acabe confesando que en
verdad la cagó él solito, sin ayuda de terceros. Siempre es culpa
de la empresa, de su pareja, de su casero, de Hacienda, de un poli
cabrón o del portero del bar de marras. Y así es difícil dejar
atrás los problemas y no agravarlos cual bola de nieve pendiente
abajo. Imposible, diría yo.
Yo
escapé de mis problemas reconociendo que soy gilipollas. No hay nada
de malo en ello. Es más, asumir que soy gilipollas me salvó la
vida. Así que piénsalo. Tal vez tú también lo seas.
Daniel Díaz 11/12/2014
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